lunes, 20 de febrero de 2012
domingo, 22 de enero de 2012
Otra historia del Folklore japonés.
En la noche siguiente al funeral de O-Sono, su hijito dijo que la madre había vuelto y que estaba en el cuarto de arriba. Le había sonreído, pero sin dirigirle la palabra : el niño se había asustado y había emprendido la fuga. Algunos miembros de la familia subieron al cuarto que había pertenecido a O-Sono, y no poco se asombraron al ver, a la luz de una pequeña lámpara que ardía ante un altar en el cuarto, la imagen de la muerta. Parecía estar de pie ante un tansu, o cómoda, que aún contenía sus joyas y atuendos. La cabeza y los hombros eran nítidamente visibles, pero de la cintura para abajo la imagen se esfumaba hasta tornarse invisible ; semejaba un imperfecto reflejo, transparente como una sombra en el agua.
Todos se asustaron y abandonaron la habitación. Abajo se consultaron entre sí ; y la madre del esposo de O-Sono declaró :
-Toda mujer siente predilección por sus pequeñas cosas, y O-Sono le tenía gran afecto a sus pertenencias. Acaso haya vuelto para contemplarlas. Muchos muertos suelen hacerlo... a menos que las cosas se donen al templo de la zona. Si le regalamos al templo las ropas y adornos de O-Sono, es probable que su espíritu guarde sosiego. Todos estuvieron de acuerdo en hacerlo tan pronto como fuera posible.
A la mañana siguiente, por tanto, vaciaron los cajones y llevaron al templo las ropas y los adornos. Pero O-Sono regresó la próxima noche y contempló el tansu tal como la vez anterior. Y también volvió la noche siguiente, y todas las noches se repitió su visita, que transformó esa casa en una morada del temor.
La madre del esposo de O-Sono acudió entonces al templo y le contó al sumo sacerdote lo que había sucedido, pidiéndole que la aconsejara al respecto. El templo pertenecía a la secta Zen, y el sumo sacerdote era un docto anciano, conocido como Daigen Oshõ.
Dijo el sacerdote :
-Debe haber algo que le causa ansiedad, dentro o cerca del tansu.
-Pero vaciamos todos los cajones -replicó la anciana- ; no hay nada en el tansu.
-Bien -dijo Daigen Oshõ-, esta noche iré a vuestra casa y montaré guardia en el cuarto para ver qué puede hacerse. Dad órdenes de que nadie entre a la habitación mientras monto guardia, a menos que yo lo requiera.
Después del crepúsculo, Daigen Oshõ fue a la casa y comprobó que el cuarto estaba listo para él. Permaneció allí a solas, leyendo los sûtras ; y nada apareció hasta la Hora de la Rata. Entonces la imagen de O-Sono surgió súbitamente ante el tansu. Su rostro denotaba ansiedad, y permaneció con los ojos fijos en el tansu. El sacerdote pronunció la fórmula sagrada prescrita para tales casos, y luego, dirigiéndose a la imagen por el kaimyõ 24 de O-Sono le dijo :
-Vine aquí para ayudarte. Quizá haya en ese tansu algo que despierta tu ansiedad.
¿Quieres que te ayude a buscarlo ?
La sombra pareció asentir mediante un leve movimiento de cabeza ; el sacerdote se incorporó y abrió el cajón de arriba. Estaba vacío. A continuación, abrió el segundo, el tercero y el cuarto cajón ; hurgó detrás y encima de cada uno de ellos ; examinó con cuidado el interior de la cómoda. No halló nada. Pero la imagen permanecía erguida, con tanta ansiedad como antes. “¿Qué querrá ?”, pensó el sacerdote. De pronto se le ocurrió que acaso hubiera algo oculto debajo del papel que revestía los cajones. Levantó el forro del primer cajón : ¡nada ! Pero debajo del forro del cajón inferior halló algo : una carta.
-¿Era esto lo que te inquietaba ? -preguntó.
La sombra de la mujer se volvió hacia él, con su lánguida mirada en la cara.
-¿Quieres que la queme ? -preguntó Daigen Oshõ.
Ella se inclinó ante él.
-Esta misma mañana será quemada en el templo -prometió el sacerdote-, y nadie la
leerá salvo yo.
La imagen sonrió y se disipó.
Rompía el alba cuando el sacerdote bajó las escaleras, a cuyo pie la familia lo aguardaba expectante.
-Calmaos -les dijo-, no volverá a aparecer.
Y la sombra, en efecto, jamás regresó.
La carta fue quemada. Era una carta de amor redactada por O-Sono en la época de
sus estudios en Kyõto. Pero sólo el sacerdote se enteró de su contenido, y el secreto murió
con él.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Anime@Deep: Top 25 anime del 2011
1. No.6
2. Tiger & Bunny
3. Ano Hi Mita Hana no Namae wo Bokutachi wa Mada Shiranai
4. Mahou Shoujo Madoka Magica
5. Working!!
6. Mirai Nikki
7. Persona 4 The Animation
8. Nichijou
9. Ao no Exorcist
10. Fate/Zero
11. Jewelpet Tinkle
12. Mawaru Penguindrum
13. Gintama
14. HeartCatch PreCure!
15. Natsume Yuujinchou
16. Yondemasuyo, Azazel-san
17. Sekai-ichi Hatsukoi
18. Usagi Drop
19. Horizon in the Middle of Nowhere
20. Suite PreCure
21. Steins;Gate
22. Shinryaku!? Ikamusume
23. Nurarihyon no Mago
24. Boku wa Tomodachi ga Sukunai
25. Hanasaku Iroha
No podria decir cual fue mi anime favorita del 2011 porque no he visto los de esta season y no seria justo decidir son mirarlos, pero entre mis favoritos estan: Steins;Gate, Usagi Drop, Tiger & Bunny, entre otros.
Para aquellos que se preguntan, Tiger & Bunny no quedaron en el primer lugar fue por un voto de diferencia.
Y cual es tu anime favorito del 2011????
domingo, 20 de noviembre de 2011
JIU-ROKU-ZAKURA
Uso no yona...
Jiu-roku-sakura
Saki ni keri !
En Wakégõri, un distrito de la provincia de Iyo, se yergue un cerezo famoso y antiguo, llamado Jiu-roku-sakura, “el Cerezo del Día Decimosexto” porque todos los años florece el día decimosexto del primer mes (según el antiguo calendario lunar), y sólo ese día. De modo que la época de su florecimiento es durante el Gran Frío, pese a que el hábito natural de un cerezo consiste en aguardar hasta la primavera antes de aventurarse a florecer. Pero el Jiu-roku-sakura florece gracias a una vida que no es la propia, o que, al menos, no lo era originalmente. El espíritu de un hombre habita ese árbol.
Era un samurai de Iyo, y ese árbol crecía en su jardín y solía dar flores en la época habitual, o sea, hacia fines de marzo y principios de abril. El samurai había jugado bajo ese árbol cuando niño ; y sus padres y abuelos y ancestros habían colgado en esas ramas, estación tras estación, durante más de cien años, brillantes tiras de papel de colores donde habían escrito poemas de alabanza. El samurai envejeció, a tal punto que sobrevivió a sus propios hijos, y nada le quedaba en el mundo digno de su amor, salvo ese árbol. Mas, ¡ay !, un incierto verano el árbol se marchitó y murió.
El anciano no hallaba consuelo por la pérdida de su árbol. Entonces, unos cordiales vecinos hallaron un cerezo joven y hermoso y lo plantaron en el jardín del samurai, con la esperanza de confortarlo. Él demostró gratitud y simuló alegría. Pero lo cierto es que su corazón estaba ebrio de dolor, pues tanto había adorado al viejo árbol que nada podía compensar esa pérdida.
Al fin tuvo una feliz ocurrencia : recordó que había un modo de salvar al árbol seco. (Era el día decimosexto del mes primero.) Entró en el jardín, se inclinó ante el árbol marchito y le habló de esta manera :
-Ahora dígnate, te lo imploro, florecer una vez más, porque voy a morir en tu lugar. (Pues se cree que uno en verdad puede ofrecer la propia vida a cambio de la de otra persona, de la de una criatura, o aun de la de un árbol, por mediación de los dioses ; el acto de transferir la propia vida se expresa con el giro migawari ni tatsu, “actuar como sustituto”.) Entonces tendió un manto blanco y varios edredones bajo el árbol, se sentó sobre los edredones y realizó un hara-kiri al estilo samurai. Y su espíritu penetró en el árbol y lo hizo florecer en esa misma hora.
Y todos los años sigue floreciendo en el día decimosexto del mes primero, en la
estación de la nieve.